Realizaremos un análisis y estudio de las Operaciones Tácticas, apoyandonos en el estudio de grandes conductores y en casos de la Historia militar.
TOBRUK, marzo de 1941
(Jon Latimer)
Rommel: primer movimiento
Tobruk, sitiado
Nueve días antes de que tuviera que enviar un informe al alto mando sobre sus planes para la reconquista de Cirenaica, Rommel ya la había reconquistado toda, salvo una pequeña bolsa que, por desgracia, incluía el puerto de Tobruk.
Allí donde hubiese un puerto defendible, la Armada Británica podría operar y apoyar al Ejército, un principio estratégico en el que se habían sustentado las operaciones británicas durante siglos.
El 6 de abril, Dill y Anthony Eden, el ministro de Asuntos Exteriores (que estaba en El Cairo de regreso a Gran Bretaña), y los tres comandantes en jefe conferenciaron sobre la estabilización del frente del desierto. Ello suponía desviar fuerzas de Grecia, pero la necesidad era urgente y la defensa debía hacerse tan hacia el oeste como fuera posible. Ya se había enviado refuerzos a Tobruk (la 18° Brigada de la 7° Div australiana) y en Bardía estaba una brigada británica.
Las garantías dadas por el almirante sir Andrew Cunningham de que la guarnición de Tobruk podría ser apoyada por mar de frente a la amenaza aérea y naval enemiga (obviamente, quería mantener al enemigo y su fuerza aérea lo más alejados posible de Alejandría), convencieron a Wavell de que el puerto podría ser conservado, si bien no indefinidamente, iba a constituir una isla de resistencia mientras el grueso de las fuerzas se retiraba hacia la frontera egipcia.
Tras la pérdida de Neame y O´Connor, era imperativo reorganizar el mando, así que Wavell voló a Tobruk el 8 de abril llevando consigo al general de división John Lavarack, de la 7° Australiana, a quien puso temporalmente al frente de todas las fuerzas de Cirenaica. Morshead fue nombrado comandante de la cuidad y sus defensas, con el comentario: “Bien, si piensa que puede, compóngaselas y hágalo". Wavell dio a los dos australianos instrucciones claras y concisas de conservar la ciudad durante ocho semanas, con lo que estarían poniendo un palo en la rueda de Rommel.
Pero el enemigo se encontraba ya en el perímetro, y todos estos planes se fueron al garete. El Teniente General Sir Noel Beresford-Perise fue nombrado jefe de la reconstituida Fuerza del Desierto Occidental y se le asignaron unidades. Lavarack retomó el mando de su división.
Rommel intentaba enviar hacia adelante todo y a todos cuanto podía. Informo a Streich que quería a la 5° Panzer al sur de Tobruk en 24 horas, por lo que no iba a tener 2 días para descanso y mantenimiento de los vehículos, y que debía tener cortada la carretera de Bardía y embotellada a la guarnición en la mañana del 11 de abril (viernes santo) como muy tarde.
Pero el 10 de abril el anuncio de Rommel – al tiempo que el último batallón australiano entraba en el perímetro – de que los británicos estaban en pleno colapso y que era factible perseguirlos hasta el canal de Suez, era erróneo. La compaña había cambiado profundamente. No podría lanzarse de momento ningún ataque sobre Tobruk, lo que daba tiempo a los australianos de sellarla con minas.
Con la decisión de Wavell de conservar la plaza, las carreras y la confusión que tan bien se adaptaban al estilo de Rommel se habían acabado; comenzaba una guerra de posiciones que era su completa antítesis y para la que no servía su proverbial impaciencia.
Por el contrario, Morshead estaba en su elemento. En contacto directo con sus hombres, quienes hablaban de él con algo muy próximo al temor reverencial, declaraba:”Aquí no va a haber ningún Dunkerque. Si hemos de largarnos, nos abriremos paso combatiendo. No habrá rendición ni retirada”. Nadie dudaba de la convicción de sus palabras. Como había decidido aguantar, Wavell estaba dispuesto a apoyar a Morshead. Aparte de su infantería australiana, contaba con el 18° de Caballería india combatiendo a pie y las ametralladoras medias Vickers del 1° Batallón de los Reales Fusileros de Northumberland, apoyados a su vez por los cañones contracarro del 3° Regimiento de la Real Artillería a Caballo y el 2° /3° Reg. Contracarro australiano.
Para reforzar la dotación de piezas de campaña de sus regimientos 151 y 104 (Essex Yeomanry), la Real Artillería trajo el 107° Reg. (South Nottinghamshire Hussars), que llegó el 9 de abril tras un peligroso periplo desde Egipto a través del desierto. Otras unidades arribaban por mar. Las antiaéreas llegaron con un cuartel general de brigada, junto con dos escuadrones y la plana mayor del 1° RTR, así como 22 baqueteados carros A-9, A-10 y A-13 Cruiser y cuatro Matilda del 4° RTR. A ellos se sumaron los hombres de la 3° Brig. Acorazada y los (pocos) carros ligeros Vickers y autos blindados supervivientes, todos ellos al mando del Teniente Coronel Henry Drew, antiguo jefe del 5° RTR.
Por entonces, Rommel creía que ya había vencido y que los hombres que se encontraban dentro del perímetro (no sabía que eran unos 30.000) estaban esperando a ser capturados. Aunque sus unidades se hallaban desperdigadas por las pistas de Cirenaica y terriblemente agotadas, el descanso y el mantenimiento eran de las últimas preocupaciones del alemán. Quería lanzar el asalto inmediatamente con lo que tuviera a mano, lo cual significaba el destacamento de Von Prittwitz cubierto por la artillería de la Brescia. Dijo que si un batallón había sido suficiente para Derna, la fuerza de Von Prittwitz debía ser suficiente para Tobruk.
Rommel quería apoyo acorazado y, desoyendo las protestas de Streich, ordenó que acudiese el 5° reg. Panzer del Coronel Freidrich Olbrich. Von Prittwitz siguió avanzando, pero, exhausto de su largo viaje, decidió dormir, solo para ser despertado al alba por Rommel, quien lo acusó de permitir a los británicos montar otro Dunkerque y le ordenó seguir adelante. No era el caso, por supuesto, pero Von Prittwitz iba a pagar con la vida la impaciencia de Rommel.
El improvisado ataque fue a dar con el fuego concentrado del 51° reg. de campaña y el 1° Batallón de los Reales Fusileros de Northumberland, y el coche de Von Prittwitz recibió el impacto directo de una granada contracarro. “quizá hemos intentado demasiado con muy poco – fue la reacción de Rommel ante la noticia de la muerte de Von Prittwitz-. De cualquier modo, ahora estamos en una posición mejor”.
Intentó enviar unidades adelante, hacia la frontera, y luego inspeccionó personalmente el perímetro (pues los italianos no fueron capaces de proporcionales planos de la fortaleza que ellos mismos habían construido), tras lo cual ordenó que la 5° ligera de Streich lo intentase de nuevo al día siguiente.
Lanzado en mitad de una tormenta de arena que dificultada la cooperación eficaz entre los panzer y la artillería de la Brescia, el ataque chocó contra la 20° Brigada australiana a ambos lados de la carretera de El Adem. Ponath lideró los hombres de la 8° Batallón de Ametralladoras contra los 2/17° Batallón, que recibían así su bautismo de fuego. Pero fueron los de Ponath los que se vieron obligados a pegarse al suelo ante un preciso fuego de fusilería apoyado por cañones servidos por los propios infantes.
Los panzer se lanzaron adelante para dar apoyo, pero se encontraron con la oposición del 1° RTR y baterías de artillería de campaña. Estas se habían desplegado de tal forma que 40 cañones podrían cubrir cualquier sector del perímetro sin necesidad de desplazarse. Y algo aún mejor: tenían una amplia reserva de munición.
La batalla duró media hora, tras la cual se retiró el 5° Reg. Panzer de Olbrich, que se había encontrado con una inesperada zanja contracarro que no pudo intentar rodear debido al intenso fuego. Había perdido dos Pzkpfw III, dos M-13 y una tanqueta L-3, contra dos Cruiser del 1° RTR. Mas al oeste, los hombres de Ponath intentaban atrincherarse, pero el terreno era demasiado duro. Así que abrieron unas zanjas muy someras y se guarnecieron lo mejor que pudieron. En ellas pasaron una incómoda noche.
También permanecieron allá el día siguiente, mientras Rommel abroncaba a Streich y Olbrich. Insistió en que el ataque debía renovarse al día siguiente, y dijo a Streich: “espero que este ataque se lleve a cabo con la mayor resolución y bajo su mando directo”.
Pontah había tenido que reptar desde su expuesta posición para recibir las nuevas órdenes, con el encargo de que lograse con sus desfallecidos hombres lo que no habían podido los carros de Olbrich. Debían ampararse en la oscuridad de la noche para cruzar la zanja y abrir una brecha para los panzer. Mientras tanto, Morshead vio tropas enemigas, que echaban pie a tierra unos 3.000 m al sur de la posición de 2/17° Batallón y concluyo que iba a haber un ataque en ese sector, así que desplego sus cañones y carros en consecuencia.
Se trajeron baterías de campaña y contracarro. A las 17 hs cayó un pesado fuego de barrera sobre los puestos R31 y R32. Al cabo de una hora, los hombres de Pontah, apoyados por el 200 ° Regimiento de Ingenieros, habían llegado al perímetro e intentaban abrir una brecha. Ante esto, un grupo de australianos salió por ellos y se entabló un sangriento combate cuerpo a cuerpo en el que el cabo John Edmondson se ganó la Cruz Victoria. Los hombres de Pontah consiguieron rodear el R33 y abrir brecha. A las 05:00 hs del 14 de abril, Olbrich ordeno al 2° Batallón de su 5° Reg. Panzer que entrase en el reducto.
Al saber que había una brecha, Morshead y el jefe de la brigada, Murray, tomaron medidas para cerrarla, de modo que cuando los panzer empezaron a avanzar de madrugada fueron tomados de flanco por fuego de piezas contracarro y se encontraron de cara con baterías de campaña de la Real Artillería a Caballo. Streich fue incapaz de seguir la acción, y en cuanto consiguió salir del compromiso, la batalla hacia acabado.
La historia oficial de la Real Artillería describe la escena: “El primer disparo del cañón N° 1 incendio el primer carro. El primer disparo del N° 2 arranco la torreta a otro carro. Al poco había 15 o más carros disparándonos con sus 75 mm y ametralladoras”. Los panzer avanzaron hasta unos 500 metros, pero viraron para rodear la fuerte resistencia y se vieron mezclados con los carros del 1° Batallón, que les seguía, y ambos toparon con el 2/3° regimiento Contracarro y el 1° RTR, que los rechazaron.
El Teniente Joachim Schorn cuenta como se vieron las cosas en el otro bando. “Nos encontramos en medio del 1° Batallón, que venía detrás de nosotros. Algunos de nuestros carros estaban ya en llamas en aquel caldero de brujas… Mi conductos iba diciendo “el motor no anda bien, los frenos no responden la transmisión va muy justa…”. Tenemos el pasillo a la vista. Todos van hacia él. Los contracarros enemigos tiran al bulto…llegamos a la brecha y a la zanja… el vehículo está a punto de quedarse clavado, pero consigue pasar con grandes dificultades. Con sus últimas reservas de energía, la tripulación logra salir del alcance de tiro y regresar al campamento”.
El ataque costó 17 panzer en 20 minutos. La infantería de apoyo no había ganado nada. En cuanto intento moverse hacia delante, los Aussies (que habían dejado pasar a los carros) salieron de sus abrigos y la pararon. La Cia B del 2/17° Batallón contraatacó al apurado 8° Batallón de Ametralladoras. Pontah fue uno de los caídos, y su batallón, que había empezado la campaña con unos 1.400 hombres, ahora solo tenía 300.
Rommel no estaba satisfecho. El 15 de abril, infantería italiana apoyada por carros de la Ariete atacó la zona de los puestos S12 y S 17, pero pronto fue rechazada. Al día siguiente, el propio general presencio otro intento del 62° Regimiento de Infantería italiano en Ras El Madauur, pero en cuanto estuvieron bajo fuego, los carros dieron la vuelta, y ni el poder de persuasión de Rommel pudo convencer al comandante italiano para que volviese a la acción. Luego, los italianos fueron contraatacados por la sección de Bren Carriers del 2/28° Batallón australiano, que hizo 97 prisioneros antes de que un coche blindado alemán llegara a la escena y abriese fuego, momento en el que todo el batallón italiano (26 oficiales y 777 clases de tropa) huyó hacia el perímetro para rendirse.
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